

Objetivo:
Son los metros cúbicos de hielo que se derriten en la Antártida cada minuto. Una experiencia inmersiva que transforma este fenómeno en una intervención espacial, temporal, plástica y emocional. Porque una cifra así, hay que vivirla. Hay que sentirla. Paisaje, arquitectura y landart. Espacio, color y luz. Tempo, música y escala. La belleza, la soledad y el lenguaje metafórico como catalizadores de este viaje al fondo de la acción humana.
El viaje está estructurado a través de una narrativa emocional. Con un sentido de fondo, y un sustrato conceptual, pero concebido como una travesía para las entrañas por encima de lo mental.
Articulado en tres actos, dos puntos de giro y un final. Durante el camino tienes permiso para explorar y descubrir el espacio por ti mismo. Para perderte. Encontrarte. Una inmersión introspectiva, en soledad, en el que los periodos de exploración y sumisión se entrelazan a lo largo del camino.